Un discurso de mentiras y otro de esperanza

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>>COLUMNISTA INVITADO

Por Humberto Caspa, PhD.

Sentarse por más de una hora para escuchar el discurso de Donald Trump en frente de los representantes de las dos cámaras del Congreso resulta más tedioso que hincarse sobre una plataforma de piedra.

No es fácil poner atención a una persona que, desde el inicio de su discurso, manifiesta mentiras y anuncia promesas sin fondo.   Inicialmente se dirigió a sus colegas demócratas y les solicitó acortar diferencias y buscar el camino del compromiso.

En la mitad de su discurso y contradiciendo su tono apaciguador, lo que ofreció fueron “bofetadas” a quienes anteriormente había solicitado compromiso.  Trump señaló que la investigación que lidera el fiscal independiente Robert Mueller es “partidista y ridícula”.

Todos sabemos que dicha investigación es legítima, necesaria y trata de poner “detrás de las rejas” a su familia corrupta, incluyendo al mismo Trump.

También en la mitad de su discurso, Trump recreó –como es costumbre— mentiras inmundas en torno a lo que se gesta a lo largo de la frontera con México.  Señaló que existen caravanas de indocumentados prestos a ingresar al país para cometer crímenes.

Nada de lo anterior es verdad.   Sus palabras son calumnias mezcladas con mentiras y sirven para apaciguar a sus bases políticas extremistas, muchos de ellos pertenecientes al KKK y a cabezas rapadas.

Como es su estilo, nunca pidió disculpas a los trabajadores del Estado por negarles un sueldo legítimo debido a su necedad aparatosa de cerrar “las instalaciones del gobierno”.

Por el contrario, en su discurso de respuesta, Stacey Abrams, excandidata a la gubernatura del estado de Georgia, hizo referencia clara sobre el “cierre del gobierno” y el costo económico y moral sobre los trabajadores del Estado.

“El cierre del gobierno fue un experimento burdo a manos del presidente de Estados Unidos, [fue] una política que se opone cada uno de los fundamentos de justicia y abandona no solamente a nuestra gente, sino también a nuestros valores”, dijo.

El discurso de Stacey Abrams empezó con una historia personal de su familia, con el ejemplo de solidaridad de su padre, quien se deshizo de un abrigo suyo para darle a una persona desamparada de la calle.

Fue una narración que se contrapuso con el carácter egocentrista de Trump, a quien le gusta acaparar –a diestra y siniestra— sin importarle que, en el proceso de enriquecimiento, desampara a miles de personas trabajadoras del país.

Stacey Abrams increpó contra la falta de valores de Trump, llamándolo indirectamente mentiroso y racista.  Fueron dos discursos diferentes.  El de Trump estuvo bañado de falsedades, mientras que el de Stacey Abrams dio una lumbre de esperanza.

 

Humberto Caspa, Ph.D., es profesor e investigador de Economics On The Move. E-mail: hcletters@yahoo.com

 

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