Racismo ecológico

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Por José López Zamorano

La crisis del cambio climático se perfila a convertirse en uno de los ejes matrices de la campaña presidencial del 2020 en los Estados Unidos. Es uno de los grandes temas nacionales que exhibe la más clara diferenciación entre la veintena de aspirantes presidenciales demócratas y el presidente Donald Trump.

No sólo el presidente estadounidense se enorgulleció con su decisión de abandonar el Acuerdo de Paris de Cambio Climático, y de promover el regreso a la economía del carbón, sino que ha ignorado de manera consistente a la comunidad científica global en sus evaluaciones del impacto de la actividad humana en el calentamiento global.

En contraste, los aspirantes demócratas abordaron, durante un reciente debate, un aspecto de la crisis climática al que no se le ha dedicado suficiente atención: el desproporcional impacto de la contaminación sobre las comunidades latina y afroamericana, en especial.

Los latinos respiran 63% más del tipo de aire sucio que provoca muertes por problemas respiratorios y cardiovasculares que la contaminación que ellos producen, según un nuevo estudio de la Universidad de Minnesota. En el caso de los afroamericanos es 56% más.

Por comparación, los blancos no-hispanos están expuestos a 17% menos aire contaminado que el que producen. Todo lo cual lleva a la pregunta sobre si la crisis climática refleja una especie de racismo ecológico.

Aunque latinos y afroamericanos contribuyen menos a la crisis climática que los blancos no hispanos, las minorías son las más afectadas, observa el coautor del estudio, Jason Hill.

La senadora demócrata de Massachusetts, Elizabeth Warren, puso el dedo en la llaga durante el debate organizado por CNN: “Las personas en las comunidades de color –latinos y afroamericanos– han vivido por generaciones en los lugares donde se arrojan los desperdicios tóxicos, sus hijos respiran las partículas peligrosas que causan asma, los ancianos mueren prematuramente”. 

Es una evaluación compartida por su rival por la nominación, Pete Buttigieg: “No es coincidencia que los niños negros padezcan más asma que los blancos. Algunas comunidades fueron empujadas intencionalmente a barrios cercanos a fuentes de contaminación”.

Es decir que Estados Unidos tiene una deuda histórica con las comunidades vulnerables que debe reparar. Se trata de una injusticia ecológica que no debe perderse de vista en el gran debate nacional del cambio climático. Su solución implica generar conciencia pública del problema y los recursos para ofrecer alivio a los afectados.

Estados Unidos, el mayor contaminador del planeta, es ahora un paria ecológico, pero tiene la oportunidad de reparar esa injusticia histórica hacia las minorías y ser el líder global en el combate al cambio climático… aunque para ello se requiera una elección presidencial.

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