¿Qué dejó el tercer debate demócrata?

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Muchos opinan que el ganador de la noche fue Joe Biden, quien mostró una energía y claridad que le faltó en los debates anteriores.

Houston, (UV) -¿Quién ganó el tercer debate demócrata de dos semanas atrás? Eso es lo que muchos quieren saber apenas terminan estos maratones retóricos. Suele ser lo “único” que muchos quieren saber. Pero como suele pasar en estos careos, va a depender de a quién se le pregunte y su filiación con los candidatos que estuvieron en el podio de la Universidad del Sur de Texas en Houston. Además de que en esas tres horas se ganan puntos y se pierden puntos por igual.

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Elizabeth Warren criticó a Donald Trump sin mencionar nunca su nombre. En las últimas semanas ha repuntado en las encuestas.

Muchos vieron “ganador” a Joe Biden, aunque fuera porque pareció haber tenido una actuación más enérgica que la que mostró en los dos anteriores debates. Por primera vez, y al menos por la primera hora del evento organizado por ABC y Univision el exvicepresidente de Barack Obama tuvo la claridad y precisión que le faltó en los dos encuentros anteriores.

Otros consideran que Beto O’´Rourke tuvo una buena noche. El excongresista por el El Paso jugaba con la ventaja que da el ser “local” y aunque no estuvo entre quienes tuvieron más tiempo en cámara, abonó en el terreno que le abrió su actuación solidaria a raíz de la masacre de 22 personas en un Walmart de su ciudad a principios de agosto. De hecho, eso le valió el reconocimiento de Biden y sus contrincantes de la noche.

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Bernie Sanders siguió defendiendo con pasión sus ideas de “socialismo democrático” y el “medicare for all”.

Para los detractores de las armas, O’Rourke además tuvo la expresión más honesta de la noche cuando aseguró que “!Demonios! Claro que vamos a confiscar tu AR15”, sintetizando cómo la masacre en su ciudad le hizo definir radicalmente su posición ante las llamadas armas de asalto.

Y mientras los asistentes al evento aplaudieron aprobatoriamente, los republicanos también le agradecerán por varios años -o al menos por el resto de la campaña 2020- el sound bite que les regaló el excongresista que ya están usando en promociones políticas como la mejor demostración de que los demócratas les quieren quitar las armas a ciudadanos respetuosos de la ley que simplemente ejercen el derecho que les da la Segunda Enmienda de la Constitución.

Ser del patio no le sirvió mucho a Julián Castro quien quedó mal con muchos cuando pareció atacar la edad de Biden preguntándole si había olvidado algo que él exvicepresidente había dicho dos minutos antes. No fue del gusto de los presentes, ni de la audiencia que seguía por TV y otros medios, a juzgar por la lluvia de críticas que recibió el exalcalde de San Antonio en redes sociales.

El senador Bernie Sanders defendió con la pasión que lo caracteriza sus propuestas de socialismo democrático, particularmente la muy polémica ‘Medicare for all’, que implicaría un sistema de salud administrado por el gobierno sin participación privada.

También cumplió el papel que se espera de ella la senadora Elizabeth Warren, quien de los 10 candidatos ha sido la que más ganancias ha tenido en las encuestas en las últimas semanas, venciendo lo que un par de meses atrás algunos presagiaban que era su gradual desaparición de la escena.

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Muchos dicen que Beto O’Rourke tuvo una buena noche, ayudado por su buen desempeño durante la última masacre en El Paso.

Warren habló de sus ideas sin referirse a Donald Trump. El resto de los candidatos invocó la amenaza que aseguran que representa el mandatario para promoverse como la opción necesaria para “salvar la democracia” que consideran en peligro si los republicanos lograran cuatro años más en la Casa Blanca.

Del careo de Houston quedó evidenciado en la pantalla lo que se muestra en las encuestas: que entre los 20 aspirantes a la nominación presidencial demócrata hay al menos dos ligas o divisiones.

En la primera está la tríada puntera de Biden, Sanders y Warren. En la segunda, muy distante en los números de popularidad, marcha el resto de la tropa. Aunque sería impreciso meter en ella a todos los que no son Biden, Warren o Sanders.

Booker y la senadora Kamala Harris, el alcalde Pete Butiggieg y el empresario Andrew Yang, han logrado en los debates insertarse en la discusión política nacional y proyectar sus nombres, pese a que los sondeos de popularidad no les estén resultando favorables por ahora. Sus actuaciones en el debate no parece que vayan a alterar eso sustancialmente.

Aunque la lógica indica que con el paso del tiempo, el campo de candidatos irá reduciéndose hasta que queden los más viables, es posible que eso tarde en producirse más tiempo del que calculan las personas que esperan que sean menos para decidir si alguno de esos nombres le gusta para presidente de EEUU.

Algunos de los candidatos más rezagados tienen una estrategia de largo plazo. Saben que están compitiendo contra caras muy conocidas a nivel nacional como Biden, senador por décadas y vicepresidente por ocho años, o Sanders, quizá no tan conocido por su larga trayectoria en el Senado como por el desafío que le planteó a Hillary Clinton en el 2016 y que en el proceso hizo derivar un poco a la izquierda al Partido Demócrata.

De los punteros, Warren, de perfil más académico, tiene menos resonancia nacional, aunque su enfrentamiento con el mundo corporativo de Wall Street despúes de la crisis financiera de 2008, sus apariciones durante la campaña de Clinton y sus peleas con Trump la volvieron una figura nacional. El que el hoy presidente se dignara a insultarla con el mote de ‘Pocahontas’ ayudó a ponerla en el radar de muchos.

Para los otros que tienen que todavía tienen que construir un perfil nacional, la estrategia pasa por mantenerse el tiempo suficiente para llegar a las primeras citas de las primarias en Iowa, New Hampshire, Nevada y Carolina del Norte, para ver si un resultado favorable cambia la dinámica a su favor.

Para eso hace falta dinero (muchos candidatos se retiran porque sus arcas quedan vacías). Con tantas caras en la carrera por la nominación, no hay que descartar que a esa “élite” de la segunda división puedan sumarse otros nombres para el próximo debate, que ha sido anunciado se realizará el 15 de octubre en Columbus, Ohio.