Marx vs Rousseau

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Por Humberto Caspa, PhD.

Cuando Karl Marx propuso que “los trabajadores obreros no tienen nada que perder [con una revolución comunista] más que sus cadenas…” las potencias europeas se encontraban en un periodo de crecimiento económico y también en una era de explotación al trabajador fabril. 

A mediados del siglo XIX, el sector industrial era la crema y nata del sistema capitalista; empero hoy el motor de la economía tiene otras características.  Actualmente la economía funciona alrededor del sistema financiero, el cual hace mover montañas de dinero y provee el “lubricante” necesario para agilizar el crecimiento económico.

Si una persona quiere comprar un automóvil o una casa o un vestido/traje para atender un evento social, es necesario la intervención de una institución financiera (un banco) para certificar la credibilidad crediticia de la persona que hace compras.

Así, la teoría de Marx no es coherente con la realidad actual del país.  El Capitalismo sigue triunfando por medio del engranaje financiero y sus otras derivaciones económicas.  De modo que su revolución proletaria se fue por las tuberías del sistema capitalista.

No vamos a tener ningún sistema comunista a corto o mediano plazo, ni mucho menos los capitalistas van a ser enterrados por las consecuencias de su explotación: el proletariado.

Sin embargo, el que tiene toda la razón de lo que sucede en la política actual del país es Jean J. Rousseau.  En su magistral obra El Contrato Social, Rousseau nos menciona que el Pacto Social teorizado por Thomas Hobbes y John Locke incluyó solo a las élites de poder que dominan el Estado a través de su gobierno.

En este sentido, a consecuencia de la exclusión política, las leyes en diversos niveles del gobierno reivindican los intereses de esos grupos dominantes.  En el léxico Rousseauniano, las decisiones de gobierno no benefician a la Voluntad General; es decir a todo el entorno de la población norteamericana, sin excluir a nadie.

Según Rousseau, la respuesta a los problemas de exclusión se encuentra en la participación política.  Si participamos en los procesos políticos, nuestros derechos –civiles, individuales y colectivos— serán incluidos en el sistema y en las leyes.

Lamentablemente con el régimen corrupto de Donald Trump, la cúpula ultraconservadora de dirigentes políticos, secundados por fuerzas racistas de la sociedad, están dominando las políticas del Estado en beneficio propio.

Mientras esta gente viole el derecho a la participación política, los problemas del país se irán creciendo hasta polarizarnos por completo.

Sin embargo, como nuestro sistema político nos permite la participación a través del voto, nuestra exclusión tendrá su punto final en las elecciones de 2020.  Todos tenemos que estar preparados para votar.

Humberto Caspa, Ph.D., es profesor e investigador de Economics On The Move. E-mail: hcletters@yahoo.com

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