Agricultores temen escasez mano de obra 

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Kathy LeCompte, dueña de la granja Brooks Tree Farm de Salem, Oregon, muestra el 2 de marzo del 2017 un formulario I-9 que todo peón debe llenar para demostrar que está habilitado para trabajar. (AP Photo/Andrew Selsky)

La capataz del viñedo Bethel Heights Vineyard observó las 40 hectáreas que su equipo de 20 mexicanos acaba de podar, temerosa de lo que pueda pasar si el gobierno de Donald Trump insiste en deportar a los inmigrantes sin permiso de residencia.

Desde el momento de plantarlas hasta la cosecha, hace falta personal capacitado y con una fuerte ética laboral para producir los vinos pinot noir y chardonnay de esa bodega y los nativos simplemente no están dispuestos a hacer ese pesado trabajo, afirmó Patricia Dudley mientras una fría lluvia mojaba los viñedos en Oregon. “¿Quién va a hacer este trabajo cuando los deporten?”, preguntó.

La línea dura de Trump hacia los inmigrantes que no están autorizados a residir en el país provoca escalofríos a la industria agrícola, que teme quedarse sin la mano de obra necesaria para plantar, atender y recoger las cosechas de los productos que alimentan a la nación.

Los productores de frutas y vegetales, los ganaderos y los dueños de viveros y de viñedos, muchos de ellos republicanos, están empezando a presionar a los políticos para que aborden el tema de la inmigración ilegal de forma tal que no afecte sus industrias.

Los inmigrantes sin permiso de residencia representan el 46% de los aproximadamente 800.000 trabajadores del campo, según un análisis que hizo la AP de información de los departamentos del Trabajo y de Agricultura.

Cuando la abogada de inmigración Sarah Loftin realizó un seminario en Newberg, Oregon, para hablar sobre los derechos de los trabajadores del campo, se sorprendió de ver que casi la mitad de los asistentes eran los dueños de las plantaciones.

Los agricultores sostienen que no pueden determinar si los papeles de su trabajador son falsos. Pero agregan que los nativos no muestran el menor interés en madrugar y desafiar el frío para trabajar en las cosechas. Un dueño afirmó que admira a sus 18 trabajadores guatemaltecos por su disposición a hacer un trabajo tan duro.

“Cerca de aquí hay indigentes acampados en el bosque”, expresó el agricultor, señalando hacia unos árboles. “Y no están buscando trabajo”. Lamentó que la persecución de inmigrantes podría obligarlo a jubilarse porque no probablemente no podrá conseguir mano de obra. Por temor a represalias del gobierno.

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