Sindicatos: Trump con unos más que con otros 

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El presidente Donald Trump, con el entonces designado para secretario de comercio Wilbur Ross (izq) y el presidente de la Harley Davidson Matt Levatich, en la Casa Blanca, el 2 de febrero del 2017. (AP Photo/Carolyn Kaster)

El presidente Donald Trump promete que su puerta siempre está abierta para los sindicatos, pero en la realidad, está más abierta para unos que para otros.

Trump se ha reunido con gremios de la construcción, a los cuales conoce muy bien desde sus años como magnate de edificios y hoteles. También se ha reunido con sindicatos automovilísticos, del acero y del carbón, que lo apoyaron en la campaña electoral. Pero no ha habido invitación para otros sindicatos, los que representan a 14,6 millones de trabajadores que realizan negociaciones colectivas con los empleadores.

“Pueden ustedes decirle al Congreso que los sindicatos de la construcción del país están muy unidos con su presidente”, declaró Trump a la Asociación de Sindicatos de la Construcción, a pesar de que en ese mismo discurso prometió: “Los líderes de los sindicatos del país siempre tendrán la puerta abierta con Donald Trump”.

La realidad es que Trump no ha cortejado a todos los líderes sindicales, ni ha apoyado todas las prioridades del movimiento obrero. Por ejemplo, se opone a aumentar el salario mínimo a 15 dólares la hora y ha dejado sin firmar una norma sobre el pago de horas extra. Parecido a lo que ocurría con el presidente Ronald Reagan, Trump no está tan a favor de los sindicatos sino a favor de una política de economía nacionalista que cuenta con el respaldo de gente que está en sindicatos.

“Obviamente Trump está tratando de posicionarse como el presidente de la clase obrera”, dijo F. Vincent Vernuccio, director de políticas laborales en el Centro Mackinac de Políticas Públicas en Michigan. “Está tratando de reconstruir la coalición de sindicalistas que apoyaron a Reagan, y de atraer a demócratas de clase obrera”.

Pero aún entre los sindicatos que cuentan con la simpatía de Trump, hay cierto escepticismo sobre si el presidente realmente los apoya a ellos, o a los ejecutivos que son sus jefes.

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