Servicio religioso tras matanza en Texas 

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Veintiséis sillas vacías se dejaron en de la Primera Iglesia Bautista de Sutherland Springs, en Texas, el domingo 12 de noviembre de 2017, una por cada una de las víctimas de la matanza. (AP Foto/Eric Gay)

Cientos de personas asistieron el domingo al primer servicio religioso en Sutherland Springs desde que un hombre armado irrumpió en una iglesia y asesinó a por lo menos 25 personas hace una semana, en la peor masacre a tiros perpetrada en la historia de Texas.

En una emotiva y dolorosa ceremonia religiosa pero, al mismo, tiempo alentadora, el pastor Frank Pomeroy compartió su tristeza personal y señaló que la comunidad unida por la fe puede dejar atrás el mal que atacó la iglesia el domingo 5 de noviembre.

“En lugar de optar por la oscuridad como aquel joven ese día, escogemos la vida”, dijo Pomeroy, cuya hija de 14 años, Annabelle, fue una de las víctimas mortales. Pomeroy habló con voz entrecortada sobre la pérdida de su hija.

“Conocí a todos los que dieron su vida aquel día”, señaló Pomeroy mientras hacía una pausa para recuperar la compostura. “Algunos de ellos eran mis mejores amigos y mi hija”. Se enjugó las lágrimas y afirmó: “Les garantizo que hoy están bailando con Jesús”.

En un principio, la Primera Iglesia Bautista, escenario de la matanza, tenía previsto efectuar el servicio religioso dominical en un centro comunitario adjunto con cupo para decenas de personas. Sin embargo, cuando los organizadores advirtieron que cientos de personas asistirían cambiaron el lugar de la ceremonia hacia una enorme carpa blanca erigida en un campo de béisbol.

Debido al alto número de presentes, las partes laterales de la carpa fueron abiertas para que aquellas que no alcanzaran asiento pudieran ver y escuchar lo que se desarrollaba en el interior. Mark Collins, que fue pastor de ese templo, dijo que el número de personas reunidas fue el más grande en los 100 años de historia de la iglesia.

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