Redada del ICE en Kenneth Square atemoriza

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La incursión de agentes del ICE en una granja de Kenneth Square, Pensilvania, tiene atemorizados a los trabajadores inmigrantes de la zona, en su mayoría provenientes de México y Centro América.

PENSILVANIA >>INMIGRANTES

Los rumores de que los agentes federales están merodeando por el Condado de Chester tiene a la gente muy atemorizada, y muy pocos quieren salir de sus casas. Citas médicas y de otros servicios se han estado cancelando a un porcentaje nunca antes visto. Y el motivo no es otro que la nueva y reenergizada política del gobierno contra los inmigrantes indocumentados.

Y todo a causa de lo que sucedió dos semanas atrás, el miércoles 26 de abril, en una finca de champiñones. Cristina Aguilar, de 21 años, recolectora de hongos en la Granja South Mill’s Kaolin, estaba empezando su turno a las 7 de la mañana cuando vio acercarse un grupo de 8 agentes de inmigración, los cuales penetraron en el recinto donde trabajaban ella y otros 12 latinos inmigrantes.

Los hombres llevaban fotografías de cuatro hombres que andaban buscando. Ninguno estaba en el grupo, pero eso no importó. Una hora después otros 12 agentes llegaron y se los llevaron a todos, incluido su novio de 26. Todos fueron arrestados y esposados, la muñeca del uno con la del otro formando una cadena, luego subidos a una van del ICE de Filadelfia y llevados hasta la Prisión de York donde están siendo procesados para deportación.

Art Read, uno de los abogados de la asociación Amigos de los Agricultores, un grupo de apoyo a los trabajadores migrantes en Pensilvania, dijo que el incidente parece la más grave intervención de la Policía en el condado de chester desde los años 90, y una señal de a qué debemos atenernos con las nuevas prioridades ordenadas por el presidente Donald Trump.

Las Colinas del Condado Chester alrededor de Kennett Square son el corazón de una industria de champiñones de 500 millones de dólares anuales, y han dado trabajo a grandes oleadas de inmigrantes, Quáqueros, irlandeses, italianos y centroamericanos; muchos de ellos, de hecho, indocumentados.

Caitlin Barry, director de la Clínica de Ayuda Legal a los Agricultores de la Facultad de Leyes de Villanova ha visitado dos veces al grupo en la prisión y está tratando de ofrecerles representación legal. Dijo que al menos 8 no tienen historia criminal ni encuentros previos con el ICE, pero los otros cuatro sí tienen historial y enfrentan orden de deportación inmediata.

Barry, Read y otros abogados han cuestionado la constitucionalidad de esta visita y los arrestos y si los agentes tenían orden de requisa. El propietario, Michael Pía, le dijo el día siguiente a NBC10 que “no creo que ellos tuvieran una orden legal, o ninguno me dijo que la tuviera. También dijo que los arrestados no eran sus trabajadores sino enviados por un subcontratista.

Cuando los abogados le preguntaron al ICE si tenía una orden de cateo judicial, el vocero Adrián Smith respondió que “tenían permiso de un supervisor”, a quién no identificó. Los abogados han dicho que piensan profundizar en este asunto. Pero mientras esto se investiga, lo que sí es claro ha sido el efecto aterrorizador que ha tenido la acción de los agentes federales.

“La gente está muy asustada de salir de sus casas”, dijo Alisa María Jones, presidente y Directora de La Comunidad Hispana, una ONG que provee servicios sociales y de salud en Kennett Square desde 1973. “Esa ansiedad afecta mucho a la comunidad, en particular a los niños”. El día después de la incursión de la policía, el 24 por ciento de las citas médicas fueron canceladas.

La vocera de Casa Norma, el famoso almacén de botas, sombreros y jerseys sureños, Betty Ramírez, dijo que hay muchos rumores, incluso a través de Facebook, que hablan de más incursiones y que contribuyen a propagar el miedo.

La abogada Lindsey Sweet, del buffet Sweet y Paciorek, dice que dos de los arrestados son ahora sus clientes, lo cual la tiene investigando si era verdad que los agentes andaban tras la pista de “cuatro buscados por la justicia”, o si eso realmente era solo una excusa o un ardid para llevar a cabo la incursión.

“Lo cierto es que, mientras en otros casos aparece mucha gente deseando hablar para ayudar a defender a los implicados, esta vez noto que hay mucho temor incluso a hablar o a firmar ningún papel, pues todos temen poner su nombre en público y arriesgarse a llamar la atención sobre su propia situación”, terminó.

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