PRIMERA BASE

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La fábula de Schmidt y El Torito
Por Will González
Mike Schmidt no es perfecto y tampoco es racista pero lo que el mejor antesalista en la historia de Filadelfia dijo sobre el jardinero venezolano Odubel Herrera lo pinta feo y es una lección para todos.
Schmidt dijo en una entrevista radial el martes en la mañana, que Herrera no era apto para ser el ancla de la reconstrucción de los Phillies.
“Primero que nada, tiene que ver con la barrera del idioma. Por eso creo que él no puede ser la persona que se pueda sentar en un círculo con cuatro o cinco jugadores americanos y hablar sobre el juego o tratar de aprender sobre el juego o discutir los funcionamientos internos de la pelota”, dijo Schmidt.
Las palabras del integrante del Pabellón de la Fama quien jugó toda su carrera con los Phillies (1972-1989) y conectó 548 jonrones generaron un tsunami de críticas. Varios prominentes cronistas anglosajones usaron las redes sociales para brincarle encima a Schmidt; lo acusaron de ser racista. Muchos de ellos mencionaron que el 30% de los jugadores actualmente en las Grandes Ligas son latinos y listaron una serie de prominentes peloteros hispanos con historiales de ser líderes de sus clubes sin dominar el inglés.
Fue un despliegue fuerte de apoyo para los jugadores hispanos que a Roberto Clemente, uno de los pioneros pro-derechos de los peloteros latinoamericanos, le hubiese dado gusto ver. Los cronistas en los primeros años en que jugó Clemente (1955-1961) solían citarlo fonéticamente en sus reportes; sus palabras aparecían publicadas con mal deletreo. No fue hasta que Clemente lideró las Grandes Ligas con el mejor promedio de bateo (.328) en el decenio de los 1960 que los periodistas lo empezaron a respetar.
No obstante, sus palabras del martes, de lo que se dé Schmidt, puedo decir que él no es racista. He tenido la dicha de hablar con él en varias ocasiones y de seguir su carrera de cerca. Lo vi jugar antes de que se convirtiese en uno de los atletas más populares de Filadelfia, cuando se destacó con los Criollos de Caguas en dos temporadas invernales (1972-73 y 1973-74) en Puerto Rico.

“Fueron dos de los años más importantes de mi vida”, me dijo Schmidt, quien fue parte de un contingente de importados que junto a la bonanza de talento nativo hizo a liga de béisbol boricua uno de los mejores en los 1970. Tan fuerte eran los Criollos de dicho periodo que Gary Carter, otra leyenda de Cooperstown, era el cátcher del equipo de Schmidt. “Yo necesitaba encontrarme como bateador y la pelota invernal me ayudó con ello”, resaltó Schmidt, el Jugador Más Valioso del Juego de Estrellas de la liga puertorriqueño en el 1974.
Schmidt trató de apaciguar la furia que su crítica de Herrera causó pidiendo perdón.
‘El Torito’ aceptó la disculpa. Irónicamente, es posible que la conversación entre ellos tomó lugar en inglés; Herrera lo habla en privado, hasta con algunos miembros de la prensa. Herrera usa interpretes en sus entrevistas publicas porque aún no se siente cómodo con su inglés. El Torito no quiere ser mal entendido.
Quizás es Schmidt quien tiene que utilizar un intérprete de razón común, de vez en cuando, para evitar cometer faltas como la de suponer que el dominio del inglés es un ingrediente absoluto para ser un líder en este país.
Schmidt cometió un error, pero rápidamente reconoció su falta.
El que no ha cometido una estupidez que sin querer hiere a otro, que tire la primera piedra.
Schmidt no cuenta con la suma de acciones o malentendidos para que se le pinte de racista o para no darle una oportunidad de redimir sus palabras.
Parece que Schmidt quiere seguir madurando. Eso hoy en día incluye el reconocer que los hispanos tenemos mucho que contribuir, aunque no dominemos el inglés.

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