Preso de por vida a los 15, sale a los 43 

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Bobby Hines camina junto a su hermana Myra Jessie tras ser excarcelado de una prisión de New Haven, Connecticut, tras pasar 28 años detrás de las rejas. (AP Photo/Paul Sancya)

Bobby Hines sonrió al abrazar a la hermana del hombre por cuyo asesinado fue condenado a cadena perpetua.

Había pasado 28 años detrás de las rejas y desde hacía tiempo quería conocer a Valencia Warren-Gibbs, hablar con ella sobre la noche de 1989 en que su hermano James recibió un balazo después de una pelea con Hines y otros dos individuos.

Con tan solo 15 años, Hines fue condenado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad bajo palabra. Ahora que había sido excarcelado a los 43 años, trata de salir adelante en una ciudad de la que se despidió cuando cursaba el octavo grado. Ya había encontrado trabajo, disfrutaba de su primera comida en un restaurante y este domingo, 20 días después de ser liberado, había venido a sentarse a hablar con la hermana de su víctima y a asumir su responsabilidad en la muerte de Warren.

“¿Sabes por qué lo hago”, le dijo a la mujer. “Nunca me podré olvidar de lo que hice”. Tal vez no pueda olvidar, pero sí ofrecer disculpas y tratar de aprovechar al máximo esta nueva oportunidad que le dio la vida, en una Detroit desconocida, muy distinta al que dejó hace casi tres décadas.

La excarcelación de Hines se produjo después de que la Corte Suprema amplió el año pasado una prohibición de las condenas a cadena perpetua sin posibilidad de libertad bajo palabra para los menores que cometen delitos de modo tal que incluyese a quienes ya estaban presos. Esto hizo que se reconsiderasen las sentencias de decenas de reos en Michigan y otros estados. Numerosos presos condenados siendo adolescentes esperan recibir nuevas sentencias, según una investigación de la AP.

Para algunos, salir de prisión después de pasar décadas encerrados es como un viaje en el tiempo. No para Hines, uno de 99 reos de Michigan que han recibido nuevas sentencias hasta ahora. Fue liberado una mañana de septiembre. Al salir se encontró con su hermana Mayra, quien lucía emocionada y apoyó su cabeza en un hombro de su hermano. “Lo conseguimos”, dijo Hines en voz casi inaudible, como si cruzase una línea de llegada imaginaria.

Para Hines, salir de la cárcel fue como volver a nacer. “Si mueres y te vas al infierno y ves toda la destrucción y las matanzas que hay allí y Dios te devuelve la vida y te da otra oportunidad… Así es como se siente uno”.

Warren-Gibbs conocía la fecha en que Hines sería excarcelado y todo el día pensó en su hermano. Sentía celos de que Hines pudiese reunirse con su hermana, pero al mismo tiempo se sentía feliz de que fuese liberado. “Para mí”, explicó, “el perdón es algo tan importante como el oxígeno”.

Casi tres semanas después, Hines y Warren-Gibbs se sentaron en una mesa y plantaron las semillas de una inusual amistad. Hablaron por más de tres horas; Hines aseguró que jamás alentó a nadie a que le disparasen a Warren, pero dijo que lamenta no haber hecho algo. “De haber sido más sabio… pude haberlo impedido”, afirmó.

De repente comenzaron a hablar del futuro y Warren-Gibbs le dijo a Hines que ojalá pudiese ser una especie de hermano adoptivo. “Si necesitas un hermano, aquí estoy yo”, respondió Hines. “Si me necesitas, llámame”. Intercambiaron números de teléfono, posaron para fotos y se despidieron con un fuerte abrazo. “Bienvenido a casa”, le dijo Warren-Gibbs, mientras una lágrima rodaba por su mejilla.

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