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A pesar de que, según muchos medios y cadenas televisivas la popularidad del Presidente Obama ha ido cayendo a niveles no previstos durante su primer año de gobierno, es indiscutible que su primer “Discurso sobre el estado de la Unión” era esperado con mucha expectativa por todos los sectores, y sobre todo, naturalmente, por aquellos que aun tienen esperanza en que él consiga enrutar por buen camino el cambio que prometió durante su campaña, y por aquellos que han decidido no abandonarlo, porque saben que es en estos momentos cuando se necesita de los amigos.
Obama con su bien demostrado olfato político entendió lo delicado del momento, y logró reconectar con el público americano, logrando que por lo menos, muchos comprendieran lo arduo y complicado que es querer cambiar de la noche a la mañana las costumbres y los vicios políticos, una vez que estos se han enquistado de manera profunda en el sistema.
Y es que, dolorosamente, para muchos americanos que le dieron su aval sin condiciones a la propuesta de renovación del joven demócrata, ha sido tremendamente frustrante el ver cómo al presidente muchas veces le ha costado más disciplinar y obtener el respaldo de sus propios copartidarios, que lo que podía esperarse de sus opositores del Partido Republicano. Era obvio imaginar y esperar que a pesar de sus buenas intenciones de bipartidismo, Obama no encontrara un Republicano deseoso de contribuir a su éxito como presidente; pero ha resultado mucho más sorprendente ver la tremenda fatiga impuesta sobre el Presidente para lograr que las facciones moderadas y radicales del Partido Demócrata apoyen su ambiciosa agenda de cambios.
De hecho, el rifi-rafe entre los senadores demócratas para obtener, con mucho esfuerzo, el pasaje de la Reforma a la Salud, que costó un año de encendidos y conflictivos debates, no solo parece estar destinado a fracasar, ahora que el Partido perdió la mayoría absoluta, sino que parece ser uno de los causantes centrales de que la figura y las promesas del Presidente se hayan desdibujado en el imaginario de muchos de sus electores. Pero ahora ya es tarde para lamentaciones, y lo que los demócratas no fueron

capaces de concretar cuando tenían las condiciones para haberlo hecho, difícilmente lograrán aterrizarlo ahora cuando no tienen los
números para impedir el filibusterismo.
Sería de esperarse, como afirman muchos analistas, que los Demócratas aprendan las lecciones correctas de su derrota en Massachussetts, y que por sus enconados radicalismos no vayan a terminar aprendiendo la lección equivocada. Desde las decisivas elecciones presidenciales, cuando los votantes eligieron a Obama por una mayoría más que amplia, el Partido Demócrata ha perdido sillas y gobernaciones por motivos difíciles de comprender para elector común, y que parece estarle costando al partido que el estado de “apatía política” esté regresando a adueñarse de los jóvenes, una de las facciones que más demuestra señales de decepción por como van las cosas.
Si algo es admirable en el Partido Republicano, es la disciplina y la unidad monolítica con la cual defienden sus ideales y sus convicciones, quizás ayudados por el hecho de que se pueden resumir en unas pocas ideas centrales. La idea de gastar tanto como sea necesario en la defensa del país, la de proteger las tradiciones culturales y religiosas, y la de recortar al máximo los impuestos y el tamaño del estado para que el dinero circulante genere empleos y riqueza.
Para los demócratas en cambio las exigencias son múltiples y a menudo conflictivas entre ellas. Entre la defensa del las libertades civiles y los derechos de las minorías, el aborto y las parejas del mismo sexo; la de frenar el déficit del estado, pero también la de gastar cuanto sea necesario en educación, sanidad y bienestar público; la idea de un estado pluralista y donde caben todos, pero también la idea de combatir a ultranza todo lo que suene a conservador. No sorprende que se haya perdido un año entero de mayoría absoluta en el Congreso sin que se haya conseguido ninguna de las grandes reformas prometidas.
Ojalá el presidente pueda contar de aquí en delante de manera más propósitiva con el aval de su partido, para que dentro de un tiempo el joven mandatario no tenga que estarse preguntando: con amigos así, …para qué los republicanos?