Del 5 al 11 de Noviembre del 2009
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países comunistas demostró claramente un hecho, que para muchos aun era difícil de creer. Que la burocracia de la economía estatal no puede competir con la iniciativa personal y la organización empresarial a la hora de sistematizar la producción, maximizar los recursos, disciplinar los gastos y generar riqueza y bienestar. Los sistemas socialistas y comunistas han demostrado ser excelentes modelos de distribución, pero pésimos modelos de producción, pues parece estar claro que cuando el hombre pierde el incentivo de los proyectos y las ambiciones personales, pierde también la inspiración creativa, y el interés en la superación personal, y pronto se adapta a ser una “cuota” del sistema, y a ser cómoda e indolentemente sostenido por el estado.
Sin embargo, la embriaguez que causó este triunfo, aparentemente sin cortapisas, para Occidente, a lo largo de los años habría de mostrar sus debilidades. Fue a partir de entonces que empezó a tomar fuerza la ideología de la “desregulación”, pues la experiencia habría demostrado lo mal administradores que son los gobiernos, y lo buenas que son por sí solas las corporaciones. Para final de los 90 la onda desregulatoria de los mercados había ya traspasado muchas fronteras, y se estaba allanando el camino a la construcción de nuevos paraísos financieros, donde las “burbujas económicas” encuentran terreno abonado.
Los atentados del 11 de septiembre impusieron un abrupto alto a toda esta euforia y optimismo, y obligaron al mundo a repensar su estrategia integracionista cimentada sobre los criterios de Occidente, para reconocer que hay otros concomitantes que no admiten ser ignorados. Sin embargo la pausa reflexiva fue breve, y pocos años después el mundo se encontraba de nuevo sonriéndole a la burbuja de los flujos millonarios y de los capitales golondrina. Burbuja que le explotó en las manos al segundo Bush, causando su salida aparatosa de la Casa Blanca. Ojalá las lecciones de estos 20 años encuentren eco en la visión de aquellos que hoy los han sustituido en el gobierno.
En junio de 1987, en un discurso que será recordado como uno de los momentos más electrizantes de la guerra fría, el presidente Ronald Reagan desafió a líder de la Rusia comunista, Mickhail Gorbachov con estas palabras: “Si usted busca prosperidad y liberación para su pueblo, abra esta puerta, derribe ya este muro!”. Palabras que retumbaron en la plaza de Brandemburgo en Berlín, en donde fueron pronunciadas, y que amplificadas por todos los medios, se multiplicaron como una onda por el mundo entero.
29 meses después, sacudido por la revolución interna de la “perestroika” que tenía lugar en Rusia, estremecido por la presión de los movimientos cívicos que convocaron a marchas multitudinarias y pacíficas en todas las ciudades de Alemania del Este durante los días previos, y debilitado por los costos insostenibles de la carrera armamentista, finalmente el 9 de noviembre de 1989, hace hoy 20 años, el oprobioso Muro de Berlín perdió su razón y su fundamento, y en tan sólo una noche se vino estrepitosamente al piso.
Las imágenes que esa noche dieron vuelta al mundo eran conmovedoras. Abrazos y festejos de familias que se reunificaban después de años de separación, jóvenes con mazas y martillos que trituraban rabiosamente el muro ladrillo a ladrillo, soldados con flores colgadas de sus fusiles. Todo hablaba de un deseo de unidad profundo e insatisfecho, que en esos momentos y en esos actos superaba una prueba importante, en el camino hacia la recomposición de la unidad y la armonía de la comunidad alemana, y por extensión natural, de la familia humana.
Los meses siguientes estuvieron impregnados de un gran sentimiento de optimismo, cuando no incluso de triunfalismo en Occidente; pues el sistema de libertades y democracia proclamado desde aquí, había sido capaz de derribar el Muro de Berlín, y con él toda la famosa y temible “cortina de hierro”. De otra parte, la pujanza financiera de las potencias capitalistas había reventado literalmente al Pacto de Varsovia, que colapsó ante los altísimos costos de la carrera armamentista. Estados Unidos emergía como la Potencia solitaria para vigilar la paz y dirimir los conflictos en el mundo; tarea que de hecho, comenzó a ejercitar muy poco después, cuando
en 1991 la ONU los autoriza a entrar a Kuwait y rechazar la invasión de Iraq, objetivo que Bush padre cumplió en pocas semanas.
La subsiguiente caída de todo el sistema de
Estoy
Cansado de...
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