Del 2 al 8 de Julio del 2009
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Estoy
Cansado de...
“El rey ha muerto, viva el rey”, es la frase que se usaba en el medioevo para anunciar la defunción de un monarca y el inmediato ascenso del sucesor. Con la muerte de Michael, deberemos conformarnos con la lúgubre primera parte. “El Rey ha muerto”. No hay otro para sucederlo. Michael Jackson interpretó la “banda sonora” de una entera generación, y con su muerte se cierra una época. La época de los reyes absolutos. Pocos llegaron a esa posición. Frank Sinatra, Elvis, y Lennon y sus Beatles al otro lado del mar. Hoy, en el mundo fragmentado y alternativo en que vivimos, ninguna figura puede llegar a dominar el horizonte de la música como lo hicieron los reyes absolutos, el último de los cuales ha dejado prematuramente el mundo esta semana.
Las cifras de Michael Jackson hablan por sí solas. La enciclopedia Guinness lo acredita como el más exitoso artista de todos los tiempos. La figura más premiada de la historia, con 405 galardones, incluidos 18 grammys; el álbum más vendido en los registros de la música, “Thriller”, con más de 104 millones de copias; 5 canciones entre las 100 más vendidas del mundo; 45 de sus 50 años en la cima del entretenimiento; el mayor filántropo entre los artistas, con más de 300 millones de dólares donados a distintas causas humanitarias y por la niñez; dos estrellas en el paseo de la fama de Hollywood y cerca de 800 millones de discos distribuidos en el mundo entero dan una idea de la estatura artística de este coloso.
Pero Michael Jackson fue mucho más que un músico y un “entertainer”, fue también un fenómeno social, racial y cultural del que seguramente se ocuparán con amplitud musicólogos y sociólogos por igual en el próximo futuro. Jackson fue el primer artista negro aceptado ampliamente por el gran público americano blanco, el primero en ser aceptado por la nueva y poderosa MTV, construyendo el primer puente sólido para el encuentro entre dos razas, hasta ese momento separadas y antagónicas.
Es cierto que los cimientos de ese puente fueron vaciados con fatiga por otros nombres remarcables, dígase Harry Bellafonte, Sydney Portier, Ella Fitzgerald o Bill Cosby, y galvanizado después por nombres que se han convertido en “American brands” como Eddie Murphy, Michael
Jordan u Oprah Winfrey. Pero fue Jackson quién
aglomeró a seguidores de todas las razas codo a codo en una misma arena, quien elevó el pop al rango de género musical de categoría y aceptación mundial, quien cantó que no importa si eres “black or White”, y quién hizo sentir a los jóvenes del mundo que tenían un lenguaje común: el rock-pop.
Porque es difícil encontrar personas u hogares en cualquier latitud, que en los últimos 40 años no hayan tenido un disco, una canción o una fotografía de Michael Jackson en sus manos o entre sus posesiones. Sus movimientos de “caminante de la luna” fueron imitados durante años por adolescentes del mundo entero; sus líricas han sido tarareadas por gente de todos los idiomas, y su “break-dance”, con sus movimientos robóticos impulsó el nacimiento de toda una corriente del “arte callejero” común a la cultura urbana mundial de hoy.
Jackson se destacó como cantante, bailarín, compositor, productor, arreglista, coreógrafo, actor y escritor, demostrando su genialidad de artista completo. Algunos lo consideran el “padre del videoclip”, por la popularidad de sus producciones “Moonwalker”, “Billie Jean” y “Thriller”, convirtiéndose este último en el álbum más popular de la historia. No por nada Tony Mottola, exgerente de Sony Music ha afirmado que Michael Jackson es “la piedra angular de toda la moderna industria del entretenimiento”.
A pesar de ser el Rey, Michael no fue inmune a los dolores de la sociedad moderna. Años atrás en un mal día, su auto se descompuso. En el taller trabó amistad con dos niños. Poco después, el padre de los niños, un conocido estafador, empezó a presionarlos para que le pidieran al cantante dejarlos dormir en su cama. El resto de la historia es conocido, y fue la ruina del prestigio del cantante. Aunque fue declarado inocente, nunca se recuperó de esa mancha. Hoy, carcomido por los remordimientos, Jordan Chandler sale a reconocer públicamente que todo fue una mentira urdida por su padre. Dejemos a Dios aplicar justicia, y ojalá una recompensa para Michael por haber alegrado con su inigualable talento la vida de millones y millones de seres humanos a lo largo y ancho del planeta.
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