Main: 215-922-6409
Fax: 215-774-1089

Por Eduardo N. Garcia
edugarci@gmail.com

En este mes de Mayo, por ser el mes de la Virgen María muchos cronistas y escritores regresan a tocar el tema del liderazgo femenino y de aquellas virtudes que son de gran utilidad a la hora de ejercer el liderazgo, la dirección o las responsabilidades gerenciales, y que son típicas, o por lo menos culturalmente más asociadas con el temple femenino.
Más ahora cuando, de una parte, en un gran número de países, sobre todo occidentales, las mujeres tienen mayor acceso y presencia en los cargos de dirección y administración, ya sea empresarial como política, y de la otra se sigue librando una fuerte batalla en muchos otros confines del planeta para obtener los derechos más elementales, como el simple acceso a la educación, el derecho a un matrimonio igualitario o a no sufrir mutilaciones biológicas.
En este contexto, traigo entre líneas un escrito de opinión la periodista española Miren Gutierrez, la cual se ha preguntado si: ¿Existe una manera femenina de ejercer el liderazgo? Y se responde de la siguiente manera: La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, sugirió una respuesta posible al afirmar que no pretende gobernar mediante la imposición, sino por el consenso.

"No quiero generalizar, pero el estilo de liderazgo de muchas mujeres puede describirse como 'de delegación de poderes' o 'consensual': construyen estructuras en las que comparten responsabilidades lo mejor posible. Así crean, a menudo, otros nuevos tipos de conducción", dijo a IPS Ayesha Kajee, investigadora del Instituto Sudafricano de Asuntos Internacionales.

"Dado que las mujeres tienden, además, a discutir los problemas más abiertamente y a utilizar el 'pensamiento grupal' en la búsqueda de soluciones, con frecuencia esas soluciones son más aceptables para los equipos de trabajo", agregó Kajee, también integrante del consejo del capítulo sudafricano de Transparencia Internacional.

"Algunos describen esos estilos como maneras inherentemente femeninas de interactuar, pero tanto hombres como mujeres deberían aprender estos mecanismos de liderazgo", agregó. Efectivamente, es más connatural al espíritu femenino el poner en común con todo el grupo cualquier dificultad de mayor nivel que se esté enfrentando, mientras la historia parece demostrar

que el sentido de liderazgo en el hombre lo lleva a procurar soluciones inmediatas sin dar mucho tiempo a la argumentación o la discusión.

Kajee recordó, en ese sentido, la intención declarada de la presidenta de Liberia, Ellen Johnson-Sirleaf, de "llevar al gobierno cualidades femeninas, lo cual constituye un elemento muy importante en un país devastado por horrendos crímenes y violaciones de derechos humanos, pero esto no significa negar la necesidad de un líder fuerte en Liberia", consideró la experta, para quien la jefa de Estado liberiana "tiene las dos cosas".
Por un lado, explicó, esta ex funcionaria del Banco Mundial posee "la tradicional fuerza de voluntad, ambición y determinación asociada con (la imagen de) los líderes africanos", lo cual le evitará sufrir abusos a manos del “club de viejos muchachos'", pues le permite librar la mayoría de las batallas en un pie de igualdad.
Por otra parte, Johnson-Sirleaf también tiene "las cualidades de alimentar, reconciliar y sanar que su destrozada nación requiere para reconstruir el espíritu nacional y la dignidad humana colectiva", afirmó.
La sugerencia de que pueda existir un estilo de liderazgo específicamente femenino resulta, controvertida, para muchos, pero creo que será un tema que poco a poco irá ganando espacio hacia el futuro, en la medida misma en que las mujeres vayan ganando el campo que les corresponde, y en la medida que la sociedad vaya logrando el justo equilibrio, en el que ninguno de los géneros siente la necesidad de ponerse por encima del otro, o siente que el otro es una amenaza latente a sus prerrogativas.
Hay un innegable talento de habilidades consensuales entre las virtudes femeninas que no puede ser menospreciado, y que puede revelarse de enorme utilidad en un mundo donde el tipo de liderazgo unilateralista está demostrando producir más fricciones y resquemores que acuerdos y cooperación.
Y el hecho de que este sea un rasgo más común en el género femenino no lo hace menos confiable, sino por el contrario, es un elemento más que puede contribuir al reconocimiento de los valores del genio femenino, y de los invaluables aportes que puede traer a la resolución de los graves problemas que nos están afectando a todos como comunidad humana y mundial.