One year of Nutter

By Alejandro Del Corral

Creemos que Michael Nutter ha sido un gran alcalde. Debemos pensar en lo que él heredó del ocupante anterior de ese puesto. El nuevo alcalde tuvo que contender con una ciudad en crisis. El índice de criminalidad, la corrupción a muchos niveles del gobierno, un sistema escolar en dificultades, la baja moral entre los ciudadanos y una crisis económica que amenaza en el horizonte, para nombrar apenas algunos de los asuntos que él tuvo que confrontar desde el primer día. Al igual que Barack Obama, él ascendió a su puesto como el ganador sorprendente de una elección muy larga.
Tom Knox, que gastó millones de su propio dinero, no lo pudo derrotar. Robert Brady y el Congresista Chakah Fattah fueron considerados mejores candidatos, mejor conocidos y más sólidos, pero el Chiflado los derrotó todo con un impulso repentino en las últimas semanas de la elección. Su plataforma fue sólida y él llegaba con gran experiencia en asuntos del gobierno. El hizo una reñida campaña y se ganó nuestra confianza. Fue así como ganó.
Lo que él ha logrado desde entonces puede ser juzgado como una combinación de triunfos y promesas incumplidas. Esto último no es todo culpa suya. La economía nacional se desplomó haciendo más difícil poder  gobernar, tratar con los otros problemas, porque las batallas económicas consumieron mucho de su tiempo. Los sueños del Alcalde de revitalizar la ciudad como atracción turística y ayudar a los vecindarios a recuperar su carácter, creando riqueza y trabajos fijos--es uno de los objetivos que tuvieron que ser aplazados. La corrupción, los impuestos, el crimen, y la crisis en la educación no podían esperar.
Se renovó la esperanza de una recuperación más rápida una vez que Obama fue elegido. Nutter y Rendell trabajaron por él en Pensilvania y tenían derecho a reclamar que su apoyo le ayudó a ganar la presidencia. Pero las guerras, la crisis económica nacional, y los otros problemas que confronta el presidente han hecho difícil conseguir su atención. Seguimos esperanzados en que su inteligencia y voluntad de trabajo nos llevarán por buen camino.

We believe Michael Nutter has been a good mayor. We should think back to the mess he inherited from the previous tenant of that office. The new mayor had to contend with a city in crisis. The crime rate, corruption at many levels of government, a school system in trouble, low morale among the citizens and an economic crisis looming in the horizon, to name just a few of the issues he had to confront from day one. Like Barack Obama, he came to office as the surprising winner of a very long election.
Tom Knox, who spent millions of his own money, could not defeat him. Robert Brady and Congressman Chakah Fattah were considered better known and stronger candidates, but Nutter defeated them all with a sudden surge in the last weeks of the election. His platform was solid and he possessed superior knowledge of government. He campaigned hard and gained our trust. That is how he won.
What he has done since then can be judged as mix bag of accomplishments and unfulfilled promises. The latter is not all his fault. The national economy collapsed and made it more difficult to rule, to deal with the other problems, because the budget battles consumed a great deal of his time. The Mayor’s dreams of reviving the appeal of the city and helping the neighborhoods to recover their character, creating wealth and stable jobs is one of the goals that had to be postponed. Corruption, taxes, crime, and the city schools could not wait.
There was renewed hope for a faster recovery once Obama was elected. Nutter and Rendell had given him their support in Pennsylvania and they could claim that their names helped him to win the presidency. But the wars, the national economic crisis, and the others problems that the president faces have made it difficult to get his attention. We continue to hope that his intelligence and work ethic will set us right.

Edición 236