Dolor e indignación

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La matanza en Las Vegas causa una inmensa tristeza y frustración.
La magnitud de la tragedia humana es desoladora. El que otra vez un individuo armado sea capaz de producir semejante daño es indignante.
La misma preguntas reaparecen en estos casos: ¿Por qué? ¿Hasta cuándo?
Por el momento poco se sabe de los motivos que pudo tener el contador Stephen Paddock para disparar con un arma de guerra desde su habitación de hotel en un piso 32, matando 58 personas e hiriendo más de 400 entre los miles que disfrutaban un concierto al aire libre.
Lo que sí se sabe es que el asesino tuvo acceso a un arsenal, y por lo menos a una poderosa arma automática. Que Nevada es uno de los estados más permisivos en cuanto a la compra y portación de armas de fuego.
Se sabe también que las acciones de las fabricantes de armas de fuego subieron en Wall Street a partir de la matanza en Las Vegas. Este tipo de incidente tiene una dinámica económica perversa. Los estadounidenses corren a comprar más armas ante el temor de que después de cada matanza haya una prohibición.
Con seguridad los defensores de las armas de fuego no podrán decir que en este caso el problema es la ausencia de armas. Que si hubiera habido otra persona armada honesta habría matado al desequilibrado.
En este argumento se olvidan que entre la persona honesta y la desequilibrada suele haber una frustración de por medio. La experiencia dice que un sentimiento encontrado, junto a un arma de fuego es una línea tenue que se cruza.
Ya sabemos que muchos de los legisladores que hoy rezan por las víctimas de La Vegas son los mismos que piden no hacer política con una tragedia, cuando se habla de controlar la venta de armas de fuego. Ellos son los que hoy impulsan la legalización de los silenciadores para las armas de fuego promovida por la Asociación Nacional del Rifle.
En el festival de música en Las Vegas hasta ahora hubo 58 muertos, en el club Pulse fueron 48, en la Universidad de Virginia Tech 32, en una escuela primaria 27, en la cafetería Luby’s 23, en un McDonald 21, en la Universidad de Texas 18. Estos son las peores masacres de los últimos años que se llevaron grandes titulares. Con menos ruido, tan solo en 2017 murieron más de 11,600 personas.
Es inadmisible que el sistema político esté inmunizado a las matanzas en las calles, en las escuelas, en los empleo y en lo hogares.
Todavía no se sabe mucho sobre lo ocurrido en Las Vegas. Lo que sí se puede asegurar es que este tipo de incidente se repetirá sin un cambio en las leyes para limitar el acceso a las armas de fuego.

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