Biles: qué sería de mi sin mi adopción?

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Qué sería de mi sin mi adopción

Simone Biles narra su vida y promociona su libro por el país.

“No puedo describir mi sensación cuando supe que había ganado cinco medallas en Río. Verdaderamente, no es un sentimiento que pueda poner en palabras. Solo recuerdo que mi mamá me dijo que siempre debía salir al mundo e intentar ser la mejor Simone que yo pudiera en cada competencia.
Para mí, los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro no fueron diferentes. Cada vez que tuve que salir a la pista di lo mejor de mí. Y cada vez que entré en competencia, solo competí conmigo misma. Aprendí que nunca he tenido el control del ‘performance’ de los demás. Siempre he sabido que solo soy capaz de hacer yo lo mejor que puedo. Eso no se me olvida”.

Antes de ser convocada a los Juegos Olímpicos del 2016, antes de convertirse en una imagen célebre en los cinco continentes, mucho antes de subirse al podio para ser aplaudida por millones de personas y antes de desplegar sus saltos artísticos en el país más grande de América del Sur, Simone Arianne Biles ya tenía en su haber catorce medallas mundiales, diez de ellas de oro. Ahora tiene 19 preseas y 14 de ellas doradas, y era la única gimnasta en el mundo con ese récord. Y el 21 de agosto, después de que todo terminó, con sus 1,45 metros de estatura, y escasos 47 kilos, Simone pasó a la historia como la primera mujer en portar la bandera de EEUU en una competencia olímpica, un honor que le confirieron sus compañeros de delegación.
Hoy, cuando ya el brillo de los reflectores se apagó, Biles goza de tiempo libre por primera vez en años. Duerme, va al cine, ve a sus amigos y hasta sale a bailar, alejada de sus tiránicas rutinas. Recorre el país para hablar de su libro, coescrito con la exitosa autora Michelle Burford, ‘Coraje para volar’, una autobiografía muy personal que relata su vida, que no siempre fue amable. Un registro íntimo que retrata su infancia en manos de madres sustitutas, su desarraigo, sus días de hambre y soledad y la inseguridad psicológica que le provocó una progenitora inestable y drogadicta. Un relato que incluye también una redención: la del amor de sus abuelos maternos en Texas.

¿qué momentos o decisiones de su vida podrían ser un ejemplo para otros?
Todos guardamos el sueño de ser los mejores del mundo, sobre todo cuando somos jóvenes. Desde pequeña yo hojeaba revistas de gimnasia y me imaginaba siendo tan buena como esas niñas que veía saltando. Esas revistas fueron mi gran fuente de inspiración. Pero, a medida que crecí en el deporte, me di cuenta de que tenía que esforzarme para llegar a mi máximo como atleta. Tenía que ser lo mejor que yo pudiera. Por eso hoy sé que el mundo no se acaba cuando uno no gana. Uno tiene que saber que todo está bien mientras uno haya dado todo de sí mismo.

Después de Río, usted se convirtió, con 19 años, en la gimnasta más condecorada en la historia del atletismo americano. ¿Cómo se siente un récord así?
Yo sé que es un triunfo verdadero, pero reconozco que hay días en que me cuesta creerlo. Para mí, Río fue un sueño hecho realidad. Todavía recuerdo ese día cuando estaba sentada en el avión, justo antes del despegue, y yo pensando ‘¿De verdad vamos a Río? ¿De verdad yo voy a Río?’ No voy a olvidar jamás la emoción que sentí cuando con nuestro equipo ganamos ese oro. Tampoco, el momento en que me di cuenta de que, además, yo ganaría la medalla de oro por desempeño general. ¡Es que teníamos un equipo tan sensacional!.

“Negra y orgullosa”

La historia de Simone Biles, teñida de abandono, pobreza y una cuota de amor incondicional, fue la responsable de que, en una carrera atlética que comenzó a sus seis años en Texas, la condujera a un nivel de ‘saltos’ que han modificado los parámetros de la gimnasia artística actual, además por su enorme imagen como ejemplo de superación. En su libro recuerda que cuando tenía siete años y su hermana Adria cinco, escuchaba de su medio hermano Adam, quien las llevaba al colegio, una canción de James Brown de 1968 que la marcó: “Say it loud: I’m black and I’m proud” (dilo fuerte: soy negro y estoy orgulloso) oían como letanía las dos pequeñas. “Mientras íbamos al colegio nos pedía cantar con él y no nos dábamos cuenta de su objetivo: Adam quería inculcarnos orgullo y seguridad desde muy niñas”.

Ha sentido o sufrido la discriminación?
Cuando escucho comentarios racistas hago lo posible por enfrentarlos con dignidad. En general, provienen de la ignorancia y la incomprensión. Pero, claro, en el fondo me hieren. No creo que nadie deba ser juzgado por su color de piel, su tipo físico o su peinado. Pero he llegado a desarrollar el perdón cada vez que alguien me hiere: no sirve ser rencoroso. Yo trato de verme y de ser lo mejor que puedo todos los días, y eso es todo lo que puedo hacer. Nunca aceptaré que otros dicten mi vida. Solo yo sé cómo quiero vivir, quién soy y qué me define.
Simone nació el 14 de marzo de 1997, en Columbus, Ohio, la tercera hija de una mujer joven que pronto cayó en drogas y alcoholismo. “En esa época pasábamos mucha hambre y yo me enojaba por eso con el gato”, recuerda. La situación se volvió crítica y los vecinos dieron la alarma. Entonces su abuelo materno, Ron Biles, vino a Columbus y se llevó a los cuatro niños a Texas, donde vivía con su segunda esposa, Nellie, enfermera. Después Ron y Nellie Biles adoptaron legalmente a las dos menores: para Simone y Adria fue la salvación definitiva. Además, heredaron dos nuevos hermanos: los dos hijos de Nellie, Ron y Adam.
“Ser adoptada por mis padres es una de las cosas más importantes que me ocurrió. Fue como si la vida me sacara un gran peso de encima. Ya no tenía que sentir ansiedad, porque ya tenía un hogar. Podía confiar en ellos para cuidarme y guiarme. Ahora por fin tenía el derecho de ser una Simone feliz e hiperactiva. Esa estabilidad fue muy importante. Sin mi adopción, no sé qué habría sido de mí. (Cristina Jurado, El Mercurio)

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